
Deja que el juego enseñe
Esto lo aprendí a las malas: si trato de entrenar cada momento, los jugadores no aprenden el juego, me aprenden a mí. Puede que todo se vea más ordenado unos minutos, pero en el partido, cuando mi voz desaparece, también lo hace su confianza.
Lo que funciona mejor es diseñar sesiones donde el juego da el feedback. Mi labor es crear las condiciones, mantener el estándar y guiar con un toque ligero—especialmente en el fútbol, donde la siguiente decisión llega rápido y los mejores profesores son la repetición y la presión.
💬 Consejo del entrenador: Si hablo más de lo que rueda el balón, seguramente estoy quitando oportunidades de aprendizaje.
El primer cambio es simple: deja los discursos y empieza a confiar en reglas que premian el comportamiento que deseas. En vez de parar y decir “usa la amplitud”, añado una condición de puntuación que enseña la lección:
El gol solo vale si el equipo utiliza un jugador abierto en el ataque
El gol vale doble si el pase final es desde la banda
Punto extra si cambian el balón de lado antes de anotar
Los jugadores no necesitan largas explicaciones. Cuando sienten cómo la amplitud estira defensas y abre líneas de pase, empiezan a elegirlo solos.

Después, uso limitaciones para moldear decisiones sin dictarlas. Muchos entrenadores se exceden aquí. “Dos toques” puede ayudar, pero también castigar a quienes más necesitan tiempo para controlar y construir confianza. Prefiero enfocarlo para enseñar sin frustrar.
Por ejemplo, en vez de “dos toques en todo el campo”, hago:
Dos toques solo en el tercio central (donde las decisiones deben ser rápidas)
Bono de tiempo tras recuperar el balón (si anotan en 6 segundos = punto extra)
Pequeños ajustes que crean urgencia donde la necesitas y libertad donde hace falta.
💬 Prueba esto: Antes de corregir, cambia un factor—espacio, número de jugadores o reglas de puntuación—y deja que intenten otra vez.
Otro cambio importante es cuándo hablo. No me gusta interrumpir una decisión, porque suele frenar el juego y hace dudar a los jugadores. Dejo que la jugada termine y luego corrijo para la siguiente.
En pausas naturales—fuera, reinicio, hidratación—uso preguntas cortas para que reflexionen sobre la jugada:
“¿Qué viste?”
“¿Dónde estaba el espacio?”
“¿Cuál era la opción más simple?”
Si la respuesta no es clara, no entro en debate. Lo mantengo práctico: “Muéstramelo en la próxima jugada.” Aprenden más corrigiendo en acción que solo escuchando.
También dejo respirar el error—dentro de lo razonable. En un juego reducido, un regate arriesgado es castigado de inmediato: pérdida, contraataque, carrera de recuperación. Esa consecuencia enseña más que cualquier charla. Luego, sólo doy una consigna para la siguiente jugada (no cinco): “Escanea temprano”, “Primer toque lejos de la presión”, o “Busca el pase fácil primero.”
Me gusta comprobar el aprendizaje con “minutos de silencio”—tres a cinco minutos donde casi no hablo y solo observo. Coaching honesto. Veo quién comunica por sí mismo, quién apoya tras pasar, quién sigue moviéndose sin balón y quién desaparece cuando el juego se complica.
Y siempre veo qué falla primero:
Espacio (todos al balón)
Decisiones (pases forzados, despejes de pánico)
Esfuerzo (dejan de reaccionar tras fallos)
Esa pausa silenciosa me señala qué trabajar después—y me evita entrenar lo que no hace falta.

💬 Consejo del entrenador: Enseña principios, no guiones. Si el jugador aprende “crear espacio” y “apoyar el balón”, resolverá más que cualquier jugada ensayada.
Aquí brillan los juegos de “feedback automático”—donde sienten qué funciona sin que yo narre cada jugada. La idea más simple es: que el siguiente momento importe. Si recuperan el balón, las reglas piden un ataque inmediato. Si lo pierden, exige respuesta defensiva inmediata. Si se espacian bien, el pase fluye y aparecen oportunidades. Si se amontonan, todo se complica. Sin charla, lo sienten.
Al planificar, suelo usar la librería Coach Blitz como base para juegos reducidos. Luego adapto espacio, número o reglas para que el juego enseñe lo que mi equipo necesita: amplitud, escaneo, transiciones, calma. Coach Blitz me ayuda a organizarme, pero lo mejor es la rapidez: puedo encontrar una actividad y convertirla en la lección exacta, lo que me deja observar, ajustar e intervenir menos.
💬 Regla del entrenador: Mi voz debe ser condimento, no ingrediente principal.
Al final, sigo enseñando. Sigo corrigiendo y exigiendo actitud, esfuerzo y trabajo en equipo. Pero intento no ser el protagonista. Cuando aprenden por el juego, se vuelven más independientes—y así, el fútbol se vuelve más simple, rápido y divertido.
— El entrenador